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Ruta y cronología de Anìbal

Exilio y muerto de Anìbal

 Antiochus III  Prusias  Flamininus

 

Aníbal encuentra un primer refugio en esta madre patria fenicia, de donde había partido Dido seis siglos antes.

Pero no es más que una primera etapa de un largo exilio. Aníbal llega a la corte de Antíoco, rey de Siria. Sabe que este rey prepara una guerra contra Roma y viene a proponerle un plan de ataque que viene a ser una segunda edición de la gran aventura intentada antes desde España. Pero entre estos dos hombres existe un completo malentendido: cada uno espera servirse del otro para alcanzar sus propios fines. Antíoco no acepta los planes propuestos por Aníbal y pierde esta guerra. Una de las condiciones de paz a las que debe someterse Antíoco es la exigencia de expulsar a Aníbal de su corte.

Aníbal, no obstante, encuentra refugio en la corte del rey de Bitinia, Prusias, a cuyo servicio pone su talento de organizador convirtiéndose en el urbanista de su capital.
Pero Roma no le permite el derecho a la vida, ni siquiera en el exilio y como hombre inofensivo.
Un día del año 183 (a.J), llega al reino de Prusias un representante del Senado, Tito Quinto Flaminio.

Prusias no es capaz de negarse ante el enviado de Roma a traicionar a su huesped Flaminius cercó el palacio de Aníbal.

El cartaginés temía desde hacía largo tiempo este desenlace. Conocía demasiado bien el odio implacable de Roma y no se fiaba de la palabra de los reyes. Se dio cuenta inmediatamente que la llegada de Flaminio era señal inequívoca de su muerte. Como sabía que estaba rodeado de peligros, quería tener siempre un camino abierto para huir. Aníbal, desde su llegada a Bitinia, había dispuesto en su casa siete salidas, una de las cuales era secreta. Pero la tenebrosa tiranía de los reyes consigue siempre saber lo que le interesa.

En ese día del año 183 (a.J), todo el entorno de la casa de Aníbal estaba tan estrechamente vigilado que era imposible intentar una escapada. Sabe que los hombres de Flaminio se encuentran ya en el vestíbulo e intenta huir por la puerta secreta, que él cree ignorada por todos; pero se da cuenta imediatamente de que, como las demás, está bien guardada por los centinelas.

Aníbal, preparado siempre para una eventualidad como ésta, abre el cofrecito secreto de la sortija que siempre lleva puesta y cumple el único gesto libre que tiene en su mano: se envenena.

Un fin muy amargo, cruel fracaso de una de las más grandes figuras del mundo antiguo; pero ello no impide que saquemos una útil lección de este incomparable personaje. Su derrota final no debe hacernos echar en el olvido con cuánta inteligencia y tenacidad se consagró por entero a una de las ideas más fecundas de su tiempo: la expansión del modelo helenístico por toda la cuenca del mediterráneo. Sus vencedores no hicieron más que tomar a su cuenta las mismas ideas, pero con menos libertad. Además, Aníbal nos muestra que, incluso vencidos, exiliados y acosados, no debemos caer en el escepticismo de la vejez y que es preferible la libertad aun a costa de la vida.