La vuelta en Cartago |
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Cartago, alarmado, llama a Aníbal y a Magón. De mala gana Aníbal que nunca había sido vencido en una batalla formal decide regresar a Cartago para organizar su defensa, una patria que había dejado muy niño y que nunca había vuelto a ver. Para completar la flota enviada por Cartago, hace construir treinta naves en las que hace atravesar el mar a los veinte mil hombres que constituyen lo mejor de su ejército. Pero Magón, que había sido herido en Milán durante una batalla contra cuatro legiones romanas, murió durante la travesía de vuelta. Aníbal desembarca en Leptis Minor y establece sus cuarteles de invierno cerca de Hadrumete donde posee propiedades y donde está asegurada su seguridad personal. Al llegar la primavera, Aníbal se dirige hacia Zama e intenta negociar con su adversario. Pero Escipión exige que sean las armas las que decidan. Aníbal no trae consigo más que un puñado de veteranos y la famosa caballería númida se encuentra colocada bajo el estandarte romano. El grueso de su ejército está constituido de merce-narios o de ciudadanos cartagineses reclutados a la ligera y, por consiguiente, insuficiente-mente entrenados. El choque tuvo lugar en la llanura de Zama. Escipión divide sus líneas con pasillos perpendiculares con el fin de canalizar la carga de los elefantes. Esta táctica tuvo éxito y los elefantes atraviesan el campo de batalla en profundidad. Asimismo, el combate de la infantería no se desarrolla según lo previsto por Aníbal: él esperaba romper las líneas romanas con los golpes de ataque de su poderosa primera línea compuesta de mercenarios y después con la segunda, que reunía cartagineses y libios, antes de remachar su derrota con la intervención de sus veteranos. Pero Escipión consiguió reorganizar su vanguardia. Y por último, la caballería romana y númida ataca los flancos y la retaguardia de Aníbal. Fue una verdadera matanza. Las condiciones: nada de flota de guerra, nada de ejército, prohibición de tomar las armas y una fuerte indemnización de guerra a pagar en cincuenta anualidades. Menos mal que Cartago puede regir libremente sus asuntos internos y continuar sus negocios comerciales. De la gran empresa de Amílcar Barca y de su hijo, no queda más que una ciudad humillada, desarmada y, en adelante, sometida a vasallaje. Pero Aníbal no pierde la esperanza de volver a levantar la situación. Toma parte en las luchas políticas, llega a ser el jefe del partido democrático e intenta llevar a fin la revolución política emprendida medio siglo antes por su padre. Cuando fue elegido sufeta, intenta quebrantar el poder de la oligarquía. Después de
algunos meses, Aníbal destroza las principales instituciones
que garantizaban el monopolio político de la oligarquía
y obliga a los responsables de las finanzas públicas a
rendir cuentas, lo que da lugar al descubrimiento de cierto número
de escándalos
Advertido por sus espías, Aníbal abandona precipitadamente Cartago y huye a una de sus propiedades, cerca de Tapso. Allí le espera un barco para llevarlo a Cercina (isla de Kerkena) y, desde allí, a Tiro. |
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