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Después de
Canna, toda la Italia del Sur se pone de parte de Cartago. Y
entonces Aníbal entra triunfalmente en Capua donde es
recibido como libertador. En el Senado de esta ciudad promete
que la misma será muy pronto la capital de la Italia entera.
El poderío militar que
unía Italia había sido destrozado y, por consiguiente,
Aníbal espera que se disgregue la confederación.
Efectivamente, la Apulia, El Sanio, la Lucania, el Brucio, la
Campania y los griegos de Tarento y Siracusa se separan de Roma.
Por todas partes, la llegada triunfal
de Aníbal permite a los elementos democráticos
expulsar a los oligarcas impuestos y sostenidos por Roma. Aníbal
firma pactos de alianza con el poderoso Filipo V de Macedonia
y con Hieronimo, Príncipe de Siracusa
Pero Roma no pierde los ánimos. En medio de sus derrotas y reuniendo todas sus
energías, Roma logra crear en el centro de Italia una
formación política de nuevo tipo, un verdadero
estado nacional, cuyo núcleo no ha sido tocado por la
deserción de sus aliados y que revela una vitalidad y
una resistencia que Aníbal no había sospechado.
Roma vuelve a reunir un fuerte y numeroso ejército de
unos 200.000 hombres. Después
de las duras pruebas de Fabio, ahora las nuevas 25 legiones romanas
evitan las grandes batallas y se dedican a "mordisquear"
pacientemente las posiciones cartaginesas. Siracusa, defendida por Arquímedes, fue
sitiada y luego tomada en 211 (a.J.). Igualmente fue sitiada
Capua. Las fuerzas de Aníbal
son numéricamente demasiado reducidas para poder dispersarlas
en varios frentes, y apenas puede mantener pequeñas guarniciones
en las plazas sometidas. Y asiste impotente y con rabia a los
ataques que sufren las más prestigiosas ciudades que le
habían abierto sus puertas. Sin
embargo, mientras se va estrechando el cerco alrededor de Capua,
Aníbal se apodera de Taranto y efectúa una correría
hasta Roma con el fin de atraer hacia él las legiones.
Pero este proyecto no fue captado por el senado de Capua que,
creyéndose abandonada por Cartago y con la esperanza de
la clemencia de Roma, abre las puertas de la ciudad al ejército
romano. Pero la represión de éstos fue despiadada.
A pesar de todo, en el año
210 (a.J.) nada estaba verda-deramente perdido. El ejército
púnico se encuentra intacto en el sur de Italia que le
ofrece una base segura. Incluso podría ocurrir una nueva
versión de Canna, de la que Roma, por esa vez, quizás
no podría levantarse. De momento se deja entrever una
señal alentadora: el ejército romano de España
acaba de ser destruido en una emboscada en la que han muerto
sus comandantes. Asdrúbal II va a poder unirse a su hermano
mayor a la cabeza de un nuevo ejército. |